Internet se ha convertido en el escenario de grandes controversias desde quela sociedad moderna arribó con sus ideales a ésta. Un hecho es que Internet ya no solo es una extensión más de nosotros, sino nosotros mismos. Dependemos tan directa como indirectamente de algunas de sus terminales o si queremos llamarle tentáculos. Un ecosistema omnipresente y cooperativo. Sus frutos provocan inquietud a algunos.
La inestabilidad que se ha visto últimamente por conseguir un control sobre la propiedad intelectual y todo aquello que está bajo la sombra de algún titular, lastimosamente han perjudicado el esquema original de Internet. Un espacio abierto y libre, donde las únicas fronteras son los idiomas no más. Es un complejo sistema de redes, protocolos, servicios y dispositivos pero todo ello al final recae en la simplicidad de compartir y comunicar.
No solo los virus informáticos causan estragos entre computadoras y sus usuarios, también aquellos sistemas que están diseñados para no adaptarse a los nuevos modelos. La cultura también evoluciona, conforme su comunidad busca la mejor manera de subsistir, mantener una armonía con su ecosistema.
Justo en estas últimas fechas el mundo se ha convertido en el espectador de lo que los sistemas alternos buscan instaurar. Antes, seguro que el mundo se reducía a unos cuantos afortunados que contaban con el acceso a alguna forma de educación y podían discernir un poco lo que se gestaba tras bambalinas.
Robar es un calificativo demasiado agresivo para definir lo que una sociedad busca en forma accesible. Todo tiene un precio y todo cuesta ganarlo es correcto ese enfoque para la mayoría de nosotros, pero que tal si logramos que la naturaleza de nuestros avances tecnológicos vayan en paralelo con nuevas formas de acércanos a ellos sin tener que verlo como una faena donde siempre tengan que imperar los intereses de los grandes nombres por encima del usuario.
Estoy seguro que nadie quiere regalar su trabajo y que muchos podemos ganar si le abrimos la puerta a nuevas formas de evolucionar, a nuevos modelos de emprender. Los recursos existen, la infraestructura permanece en su lugar, no somos un idioma, un país un gobierno, una religión, sencillamente somos mentes sedientas de conocimiento y cultura.
Imagen: PopMatters
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