lunes, 19 de marzo de 2012

Aplicaciones gratuitas pueden consumir la batería de tu Smartphone en un promedio de 90 minutos

Un estudio llevado a cabo por el científico informático Abhinav Pathak de la Universidad de Purdue en Indiana y sus colegas, a través del desarrollo de un software, este les permitió monitorear el uso de la energía consumida por las aplicaciones (apps) instaladas en un Smartphone. De este modo tomando como referencia al sistema operativo Android, las aplicaciones gratuitas pueden consumir hasta el 75% consumiendo los recursos en el procesamiento de publicidad y recolección de datos del usuario.

A la hora de analizar apps tan populares como el juego de Angry Birds, Free Cheese y el NYTimes se percataron de que sólo un 10 al 30% del consumo de energía era procesamiento nativo de la app, mientras que el resto de la carga de procesamiento por parte de la app era para el manejo de publicidad y otras actividades ajenas al funcionamiento original de la misma.

Siguiendo con los análisis realizados por los expertos, comentaron que por ejemplo en Angry Birds solo el 20% del total de los recursos ocupados eran para desplegar y ejecutar el juego en pantalla, mientras el 45% se utilizaba para enviar la ubicación del usuario con ayuda del GPS y descargar contenido de publicidad a través del servicio 3G de acuerdo a su localización. Aun después de descargar y enviar la información necesaria a través del 3G, la conexión queda abierta por un rango de tiempo de 10 segundos que consumen otros 28% de energía por parte de la app.

De esta manera corriendo una sola app gratuitas de este tipo que llevan publicidad pueden drenar la carga de la batería de tu Smartphone en un aproximado de 90 minutos.

Pathak por lo tanto afirma que gran parte del derroche de energía se debe a código ineficiente de terceros que utilizan los desarrolladores, con el objetivo de generar ingresos en las aplicaciones gratuitas o en sus versiones gratuitas. Asimismo presentará su investigación más en detalle en las conferencias de EuroSys 2012 en Berna, Suiza.

Fuente: New Scientist

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